Cronica de una gallineada anunciada

Ya en el empate de el Defensa y Justicia del hijo prodigo, Hernán Crespo, se empezaba a cocinar de a poco. Aun cuando periodistas, pronosticadores, brujitos y adivinadores le daban por ganado el campeonato a River, y no era una locura hacerlo, River venia jugando, gustando y ganando casi todo lo que jugaba. Especialmente cuando enfrente el rival era el ex equipo de la ribera. Pero lo que no notaban sus hinchas ciegos de triunfos y también el periodismo todo, es que ya se veían indicios de flaqueza. Que no este Palacio y su dinamismo, que provocó un cambio de esquema completo, que necesitasen más de diez situaciones para hacer un gol, que entre Quintero y no haga la diferencia y que los árbitros ahora vean las faltas cometidas y no los penales en su propia área, son todos ingredientes que de a poco comenzaban a desprender un aroma familiar.

Mientras tanto Boca seguía ganando, sin futbol, sin lucirse, sin brillo ni imaginación, tan solo con la fe de sus hinchas, los únicos que siempre creen. Y seguían ganando, con amargo Riquelme mostrando todo su fervor y alegría desde su palco y Russo y su sabiduría y un Tevez rejuvenecido y con ansias de repetir su tan afamado gesto.

Solo faltaba el último toque que solo los Chefs con años de experiencia saben dar.

Zielinski. La mesa estaba servida y el plato fue “Sopa de Gallina”

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